Tecnología

Facebook, Entre la Diversión y sus Débiles Políticas de Privacidad

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Nos atrevemos a realizar la siguiente afirmación: Facebook, desde sus ya lejanos inicios, ha logrado consolidarse como la más grande red social, desde que dicho término, relativamente moderno existe. No queda la menor duda de que, y en cualquier lugar del globo terráqueo donde exista un ordenador y llegue señal de internet, estará cada mañana o tarde o noche, una persona abriendo su cuenta personal de Facebook para compartir las “hazañas” de su desayuno.

Poco importa la nacionalidad de internauta. Podría tratarse de un jovenzuelo pre adolescente en Bolivia, o de un experimentado sacerdote budista en China. La masificación de la intercomunicación global ha sido un monumento al empeño de las compañías especializadas en redes sociales, de apoderarse literalmente de por lo menos una hora diaria de nuestros días.

No en balde escuchamos consejos de nuestros mayores, en los que nos recomiendan “desconectarnos”, a fin de que podamos disfrutar de las cosas que eventualmente dejamos de percibir por mantenernos constantemente concentrados en un Smartphone o en un ordenador. Pero nacimos en este siglo, escribo esto desde un ordenador y probablemente llegue al conocimiento de ustedes a través de una red social.

No obstante, todo esto encajaría perfectamente en aquello que los doctrinarios conocen como “autonomía de la voluntad”, es decir, hacer cuanto yo quiera siempre y cuando esto no acarree daños a mis vecinos. El meollo del asunto está en que, y muchas veces valiéndose de la ignorancia de los usuarios, Facebook utiliza los datos que suministramos, sin que nosotros terminemos de darnos por enterados de aquello.

A los fines de contextualizar: se denomina “políticas de privacidad” aquellas medidas que toma en el caso específico, una red social, para saber qué se puede hacer y que no, con respecto a la información suministrada por los millones de personas usuarios de la red social. Sucede que en el caso específico de Facebook, para podernos suscribir y crear una cuenta, debemos, en primer lugar darle click en una pequeña pestaña que indica: “estoy de acuerdo con los términos y condiciones”.

En ese preciso momento te sometes a legislación extranjera, y apruebas que personas que nada tienen que ver contigo puedan, por ejemplo, compartir información personal tuya con terceras personas. No vale que pegues en tu muro un escrito en el cual prohíbas hacerlo, puesto que desde hace aproximadamente diez años, ya concediste la autorización pertinente para ello.

Ahora que lo sabes, ten más precaución con respecto a la información que transmites a través de Facebook, porque probablemente deje de pertenecerte. ¿Y por qué no? ¡Desconéctate de vez en cuando!

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